MARRUECOS: UN PAÍS QUE APASIONA

Recientemente realice mi primera incursión en MARRUECOS. Otro país, otro continente, otra religión, otra cultura.
Fui como voluntario a través de la ONG GENERACION ACTIVE para ayudar en la restauración de la escuela pública de la ciudad de Ouarzazate, al sur del país.
Mi primer contacto fue con la ciudad de Marrakech donde me dejo el vuelo procedente de Madrid. Marrakech es un mundo aparte dentro de Marruecos, su zona nueva es como cualquier ciudad europea: mcdonalds, Carrefour, bares y discotecas están a la orden del día, nada nuevo. Es cuando te adentras en la zona más antigua cuando empiezas a ver (solo un poco) la verdadera forma de vida del país.
Calles estrechísimas, mezquitas semiescondidas, rincones con encanto y una vida nocturna fuera de lo normal; quizá por el calor durante el día o por estilo cultural, la noche marroquí es digna de estudio. La plaza principal bulle con la actividad de la gente, miles de personas cenando, compartiendo un té o simplemente conversando componen un espectáculo digno de admirar.
Rumbo ya hacia Ouarzazate, cruzando la inmensidad de las montañas del Atlas, te vas dando cuenta del verdadero paisaje de marruecos: Zonas desérticas con sus poblados reducidos del color del desierto (todos los edificios están pintados de un color marron-rojizo-desierto con lo que se consigue una integración mayúscula con el paisaje) y con preciosas zonas verdes en las riberas de los ríos.
Las Kashba se van asomando conforme más al sur te adentras y los rinconcitos a la orilla del rio Draa donde se puede disfrutar de las vistas y de un magnifico té son un oasis de paz maravilloso.
La gastronomía de la zona me sorprendió: nunca imagine que se comiera tan sano y ligero. La verdura y la fruta son los elementos predominantes acompañado siempre de té y creerme cuando digo que no vi ni una sola comida pasada por la freidora, algo impensable en Europa. El Cuscús y el Tajín son los reyes de la dieta marroquí.
En cuanto a la cultura y la religión debo decir que no tuvimos ningún problema, El 99% de los marroquís son musulmanes, viajaba con mujeres y nos advirtieron que quizá podríamos (ellas) sufrir miradas o piropos subidos de tono pero nada de eso ocurrió. La gente nos respetó en todo momento incluso se mostraban muy amables y atentos con nosotros quizá porque sabían que estábamos allí ayudando a la comunidad aunque la actitud de la gente fue magnifica en todos los sitios que visitamos.
Durante un fin de semana nos adentramos en la parte más al norte del Sahara. El adentrarme en el desierto montado en dromedario durante dos horas para llegar al campamento donde dormimos al raso con un manto de estrellas sobre nuestras cabezas y a la mañana siguiente ver como el sol nos daba los buenos días sentados entre las dunas fue una de las mejores experiencias de mi vida. Increíble. Lo volvería a hacer una y mil veces (a pesar del dolor de culo que te deja el dromedario).
En resumen Marruecos es diferente, muy diferente a lo que estamos acostumbrados en occidente pero tiene un encanto y una magia que te engancha desde el primer día.
Si eres de las personas que les gusta descubrir culturas y paisajes nuevos, Marruecos no puede faltar en tu hoja de ruta. 😉

