MEDITERRANEAMENTE SARDO

Después de aterrizar en el aeropuerto, recoger el coche de alquiler, desplazarnos hasta nuestro primer destino, hacer una rápida visita a una cala de aguas transparentes, mientras cenábamos un plato de clochinas en salsa de tomate casera y recipiente de pan de pita acompañado por una botella de vermentino y un chupito de limoncelo para cerrar el trato.
Ese fue el momento en que supimos que habíamos acertado el lugar donde pasar una semana de vacaciones.
El sitio era la isla de Sardegna, en el mediterráneo Italiano. Y yo y dos amigos de toda la vida nos disponíamos a descubrirla durante una semana.
La idea era ir sin plan establecido, más allá de tener un sitio donde dormir al final del día. Coger el coche e ir donde nos acomodara el día, sin prisas, disfrutando de las vistas, buscando calas y playas menos concurridas, abordar bares y restaurantes donde probar los platos típicos de la zona o parar en una ciudad donde poder disfrutar de un ambiente más nocturno si la situación lo requería.
Quizá sea justo decir que la opción de viajar sobre la marcha es, en mi opinión, más fácil que salga bien si los integrantes del grupo se conocen bien entre si y que si no se conoce a la otra persona pueda ser una opción arriesgada con posibilidades de fracaso.
Pero en nuestro caso, que nos conocemos más de 30 años, al final de la semana nuestra sonrisa era considerable.
Durante los 7 días nos dio tiempo a bañarnos en playas de agua cristalina semidesiertas, a descubrir ruinas de un antiguo puerto fenicio, a desayunar con un aperol spritz, a disfrutar de la puesta de sol en el mar desde la fortaleza de Alguer, a probar los quesos y vinos sardos, degustar la pasta con “fruta di mare”, a subir al ferry que nos llevó a la isla de La Maddalena, a cenar en una grastrohacienda en la montaña, bebernos una cerveza en el jacuzzi del jardín de nuestra suite, a recorrer, a hablar italiano, a olvidarnos del trabajo y de los problemas.

Yo soy de las personas a las que le gusta planear los viajes, los días, las semanas y la vida en general pero Sardegna me enseñó que quizá sea una buena opción dejar de vez en cuando que los viajes fluyan por si solos y disfrutar sobre la marcha. Sobre todo si estas en el paraíso.
